No es un país latinoamericano, pero tampoco es del todo caribeño. Belice tiene un poco de ambos mundos: una gran mezcla de culturas, unos fondos oceánicos increíbles y unas junglas que ocultan pirámides mayas mucho menos visitadas que las de los países vecinos. Todavía es un destino algo rústico, pero genial para los viajeros que quieran sentir que aún quedan rincones en el mundo por descubrir. Su barrera de coral es la segunda más grande del mundo, por detrás de la australiana, un auténtico paraíso submarino. Su jungla reúne una enorme red de parques nacionales y reservas naturales,, sus yacimientos mayas no tiene nada que envidiar a los mejicanos, los guatemaltecos o los hondureños, y la creciente industria turística ha desarrollado toda clase de propuestas de aventura en la naturaleza, que van desde lanzarse en tirolina a descubrir cuevas kilométricas.





